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6.4.10

La reina de las tergiversaciones.

No había cosa que le diera más coraje que una persona que tergiversara las cosas.
Nunca lo supo hasta que la conoció, era la reina de las tergiversaciones. Ya no podría fiarse más de ella, todo lo que salía por su boca era adornado, transformado, malformado en algo muy distinto a la realidad.
Si las cosas eran de color verde, se volvían morado cuando la reina las anunciaba.
Todo era más trágico. Las personas se volvían peores, las palabras usadas no eran las correctas ni la forma de contarlas, y ya no es que fueran correctas o no, es que eran inventadas, la hipocresía era lo que más le gustaba usar a la hora de tergiversar.
Lo peor era cuando contaba una historia más de una vez, era colmo, a que tergiversaba sus propias tergiversaciones, entonces ya no tenía que ver nada con lo que realmente había sucedido.

Odiaba. Odiaba las tergiversaciones, incluso odiaba la palabra en sí, tan complicada de pronunciar, igual de complicada que se volvían las cosas una vez tergiversadas, porque a veces, le afectaban a ella, y se veía metida en líos, en líos que ni siquiera eran ciertos. ¡Qué impotencia!

Pero ella era la reina en contar las cosas como le diera la gana, de echar mierda a la gente, de inventar historietas y culpar a las personas, de no querer darse cuenta de la realidad y crear otra en la que ella ganara, porque ella era la reina, la víctima a la que todos culpaban.

Hipocresía y tergiversación. Las dos cosas que más odiaba.

18.2.10

Tonight is carnival.



Prepara para la Fiesta Carnaval de esta noche, con un día que da asco, no... lo siguiente. Una lluvia que no se puede soportar, 4 grados o incluso menos, y una simples medias que me protegen mis piernas de palillo. Así que espero que la noche prometa. Lo que prometo yo es ser buena, que mañana tengo que estar a las 9 en el centro de salud recibiendo pacientes.

15.2.10

Ya he vuelto.

Hace tiempo que me fui. No sé a dónde, ni en que momento me marché de aquí, pero ya he vuelto.
Tampoco sé si he vuelto completamente, o me dejé olvidado un cacho de mi ser en ese lugar dónde he estado.

No era un sitio que derrochara mucha alegría la verdad. Allí reinaba la soledad, porque aunque hubiera más gente, no lo sentías ¿sabes? Aunque estuvieran de cuerpo presente, eran almas solitarias, escondidas. En sus caras destacaban las ojeras, y bueno, esos pelos de estropajo. Eran personas muy dejadas, no les importaba su salud, su higiene, podrían estar semanas sin sentir el agua fría de la ducha, el masaje de la yema de sus dedos en la cabeza, ni la fricción de una esponja contra su piel. Siempre iban rodeadas de unos seres inertes grises que habitaban en el suelo, en la superficie de los muebles, formados por células muertas de sus cuerpos muertos, pelos que caen en picado al igual que sus fuerzas, y que crecían día a día... creo que los llamaban Pelusas.
Allí sólo se escuchaban los pensamientos, llenos de incertidumbre, miedo, ira, desolación. Eran frases que se repetían una y otra vez, todos hablaban de lo mismo, era una especie de oración. Yo siempre me iba al lado de aquellos que preferían dejar tatuadas las palabras en un papel, recuerdo que había un lugar dónde se reunían, si no recuerdo mal había un letrero que decía: "Biblioteca". Sí, aquel templo se llamaba Biblioteca. Pero no todo era silencio y oraciones, a veces podía oir algún do, re, mi, que me ayudaba a seguir viva.
Hubo unos tres o cuatro días que lo pasé fatal estando allí. Todos estaban histéricos. Gritaban: "Hoy es el día", "Tengo amnesia, no recuerdo nada", "No he dormido, estoy muerto", "Espero que no sea muy hijo de puta con las preguntas", "Esto no me lo he mirado, ¿tú te lo has leido?¿te lo has leido?", "No lo voy a superar"...Y muchas más cosas sin sentido para mí, ya que yo estaba realmente tranquila, no sé si por el hecho de haber pasado allí mucho tiempo o porque no sabía de qué iba aquello. Todo empezaba al nombrar sus nombres y a las familias a las que pertenecían. Iban pasando a una sala muy organizada con muchos asientos y superficies para poder plasmar aquellas oraciones en un papel, tal y cómo lo hacían en la biblioteca. Ya nadie gritaba, pero se notaba que estaban en la misma sintonía, no lo expresaban verbalmente pero lo hacían al revisar las herramientas que utilizarían, al mirar una y otra vez a todo aquel que les rodeaba, algunos sufrían de tics en las piernas que hacía que fuera imposible pararlas, etc.
Todo el mismo proceso se repetía en esos días claves, pero se les iba sumando el cansancio y la desesperación por terminar todo aquello.

Pasaron aquellos terribles días, todo el mundo parecía revivir, sus caras sufrían la contracción de los músculos cigomáticos mayores, que elevaban los ángulos de sus bocas y desembocaban en una gran risa. Aún así seguían crispando los nervios, ya que esperaban los resultados númericos que calificaban si eran buenos oradores o no. Resultados que podían llevarles a una alegría extrema o al goteo de sus ojos. Pero todo acababa pasando, volvían a ser personas decentes, volvían a vivir.
Sin embargo yo me quedé estancada, creo que me adentré demasiado en aquel lugar, que me perdí por uno de sus bosques de árboles deshojados, de sus paisajes de cielo amarronado y suelo seco y agrietado.
Intenté salir de allí, pero algo me lo impedía. Pensé que quizás sería porque mi misión allí no había terminado todavía, así que esperé, pero no pasó nada, o puede que pasara pero no me diera cuenta.
Al final salí de aquel bosque, unos de esos entes grises me ayudó, Pelusín. Estaba allí solo y me pidió que le acompañara hasta el lugar dónde tenía que coger un medio de transporte para poder ir con su familia, así que allí fuimos los dos. Él se montón en un cubo grande de color verde y unos señores con uniforme llamativo y cutis estropeado le subieron al camión que lo llevaría con sus seres queridos.
En aquel momento en el que me quedé sola, me di cuenta de que el aire que respiraba era fresco, tan fresco que podía sentir como entraba en mis pulmones, sentí la brisa y vi caras jovenes y llenas de ganas de fiesta que me eran familiares y allí es dónde yo cogí mi "camión" de vuelta a casa, de vuelta a mis orígenes, a mi vida anterior llena de alegría, de risas, de adrenalina, de emociónes, de esas de las fuertes.

Así que aquí estoy, de vuelta a las andadas y con muchas ganas de continuar e innovar a la vez.

6.1.10

Vaivén.


Todo es tan infantil.

Es como un niño cuando ha querido durante mucho tiempo un juguete, y cuando lo tiene entre sus manos ya se ha cansado de él.

Así se siente... se ha sentido durante estos años.
Confusión. Sin entender por qué le pasa eso.

La lejanía aviva sus pensamientos, sus recuerdos, su imaginación. Mil historias ha vivido, juntos. Tantos besos ha sentido, pero es solo su imaginación.

La cercanía lo cambia todo. Se esfuman los sentimientos, todo es cuestionable, frío...

Pasa el tiempo, todo se ha olvidado... o eso le parece, porque cuando menos se lo espera, en un momento de silencio, un momento en los que su mente vuela... entonces vuelve a ver su silueta.
Y vuelve a sentir sus labios junto a los suyos, sus manos sujetandole la cara mientras se funden en el más tierno de los besos.
En ese momento todo es perfecto, la ilusión vuelve a surgir, las horas imaginando...

Hasta que todo acaba como siempre.


Espera que algún día eso cambie. Que la cercanía sea lejanía. Que no haya más porqués. Que la fantasía sea realidad.
No más arrepentimientos, no más desprecios.

Que todo sea como si fueran niños, riendo, jugando, sin preocupaciones... felices.

28.12.09

¿En casa?

Hace ya más de un año que me fui de casa, porque mi vida avanza y progresa... basicamente porque puse Vida Universitaria en modo ON, aunque eso de vida universitaria da para una larga entrada basada en criticar a mi querida escuela de enfermería. Ya sabía en aquel entonces, que no iba a echar demasiado de menos mi casa, y no es porque me vaya mal aquí (aunque tampoco es el ambiente perfecto, ni se pretende), pero soy bastante independiente en cuanto a eso de vivir con mamá y papá.
El primer fin de semana que bajé, entré por esa puerta y todo iba igual, me sentía como siempre, pero cada vez que volvía es como si me llevara un cachito de mi presencia en esa casa durante estos 19 años, entonces cada vez que volvía sentía como que pertenecía un poco menos a mi hogar.
Ha pasado ya una semana desde que bajé para las "vacaciones" de "Navidad" (mejor dicho, No Navidad), ya he completado un 53% de mi carrera, y por tanto me he llevado conmigo el 53% de mi presencia en casa. Ahora cuando vuelvo me siento totalmente extraña, con ganas de volver a mi habitat actual, con mi queridísima compañera de piso que es más parte de mi familia que cualquier otro miembro. Además mi cuarto se ha convertido en una especie de trastero y levantarme de la cama a las 3 de la madrugada para hacerle una visita a Roca parece más una tarea de Indiana Jones. Tengo la maleta sin deshacer todavía y creo que se va a quedar así, porque tengo la necesidad de irme de un día para otro. Lo único que tengo fuera conmigo es el portátil, que también se ha convertido en una parte de mi, y creo que no soy la única a la que le pasa.
Aún estando rodeadas de sillas, un ventilador enorme, muebles que no pertenecen a niguna habitación y trastos varios, no me importa mucho. Me hace sentir como que ya van aceptando que llega mi emancipación, me hace sentir con libertad y me gusta. Tengo claro que cuando termine la carrera, mi estancia en la casa de mis padres (es hora de que vaya llamandola así) será temporal, un sitio donde pasar la primera semana, si no es más corta, porque aseguro que no va a pasar de una semana, hasta que encuentre trabajo y hospedaje lejos de aquí.

¡Sí! La vida pasa, hay que ir adaptandose a las situaciones y me encanta que sea así. Por fin van surgiendo los cambios en mi vida que tanto he esperado.

22.12.09

(L)

¿Puede ser posible que lleve tres años detrás de ese perfume y que todavía no lo haya comprado?
Lo peor es la razón. Tengo miedo a que se llegue a gastar. Quizás si no lo compro, seguirá intacto, tal y como está ahora. Aunque el inconveniente es que siempre viene alguien y lo compra, pero al final acaban reponiendolo.
Me gustaría tanto comprarlo, lo deseo, pero creo que estoy esperando a que alguien me lo regale.

Sé que será mio, que su olor recorrerá cada esquina de mi cuerpo.