17.2.10

También hay que mirar desde los ojos olvidados.

Habla Raquel en su entrada del 15 de Febrero de cuando no encuentras las llaves, las buscas y no las ves, y cuando has dejado de buscarlas te das cuenta que las tienes enfrente. Que coraje, ¿verdad?

Pero imaginaros lo que tienen que sentir esas llaves. Las estás buscando, y ellas están ahí, delante tuya. Imagina la impotencia de no poder gritarte: ¡No te desesperes más, estamos aquí!
Has pasado mil veces delante suya, pero no las ves, se sienten invisibles. Son lo que necesitas, están ahí delante tuya y no las puedes ver. No paran de escuchar maldiciones, de verte pasarlo mal, ir de un lado a otro, y lo único que pueden hacer es quedarse quietas, esperar a que te des cuenta de su presencia.
Puede que pasen minutos, horas, días, meses, incluso años. Y ahí están. Enfrente tuya. Están a tu alrededor, todos los días, en el mismo sitio. Piensan: no busques más, estamos aquí, para ti. Míranos.

Invisibles, impotentes, inútiles...

5 comentarios:

* Raquel * dijo...

Cómo me gusta haber podido inspirar un texto así.
Supongo que es cuestión de abrir bien el ojo. Hay veces que a uno le entra la prisa por encontrar aquello que ha perdido, o aquello que aún no ha encontrado (que no siempre es lo mismo). Hay otros, en cambio, que puede vivir tal y como está, sin necesidad de complicarse la vida y enzarzarse en búsquedas agotadoras.
Es cuestión de días... y yo últimamente tengo demasiados días como los primeros.

TAMIA dijo...

Remolinos de días encontrando respuestas

Pecas dijo...

Jajajaja pobres llaves, nadie se pone en el lugar de ellas...

Sí, ya no tengo que ponerme cremita, aunque la herida sigue ahí, al final seguro que tenia yo razón y es lupus xD

Duna dijo...

Nunca lo había pensado...

A veces yo también me siento como las llaves. Estoy ahí, pero no puedo hacer nada, no puedo gritar, ni moverme, pero estoy ahí. Y pueden pasar días, meses o años hasta que se den cuenta.

Clave de Fa dijo...

Yo soy las llaves que no saben gritar que están allí y la persona que no sabe buscar. Creo que no hay esperanza para mí